1. En los innumerables cambios de residencia, a los que lo empujaron la muerte de su madre y la pérdida de su empleo, siempre ha cargado con varias decenas de abultados cartapacios escolares en los que guarda poemas y notas de la más diversa índole de los cuales afirma que no es el autor.
2. Escribe desde su adolescencia, quizás desde que descubrió que esa actividad le servía de biombo, tras del cual podía escuchar la charla de los mayores o sus discusiones sin ser amonestado.
3. Ahora su vida está en picada como sus dientes que, al reír desinhibida y francamente, parecen teclas de un piano en ruinas.
4. Sus pertenencias son unos bolígrafos de punto fino con los que escribe asediado repentinamente en la madrugada por la inspiración que no conoce de horarios ni de cortesías, se levanta y se dirige a su escritorio donde la musa le dicta breves poemas de amor.
5. Sin embargo, no es más que el eco de una orden dictada hace tiempo por su madre, que sigue rebotando por esas paredes empapeladas tan tristemente como cuando ella vivía. Escríbeme un poema, le decía su madre en la penumbra del salón, alguna tarde lluviosa cuando recordaba con nostagia mejores épocas, después se quedaron sólos, es decir, el padre los había abandonado.
6. El señor Laplace escribe versos de amor inspirados por un ser inexistente a quien continúa queriendo profundamente y en vista de no habérselo expresado
lo suficiente en vida, intenta hacerlo ahora por medio del papel y la pluma, con la secreta esperanza de ser leído por el espíritu que está seguro aun anda rondando por las habitaciones, cuidando que no le pase nada malo a su hijo adorado. Esta es una de las tantas teorías del señor Laplace que, precisamente por haberla concebido desde que quedo huérfano, le impidió casarse.
7. Por lo tanto el señor Laplace no tiene hijos y en consecuencia es un hombre que vive completamente sólo. No tiene luz eléctrica y solo ocupa una de las ocho habitaciones de su casa. Dice que tiene familiares y amigos pero no me atrevo a comprobarlo.
8. Esto no quiere decir que sea un hombre afectado de sus facultades mentales, si acaso pudiera calificarsele de excéntrico. Desde niño vive atemorizado ante la idea de que el planeta tierra , en su viaje por el universo, vaya a caer en uno de los temibles hoyos negros que infestan el espacio estelar.
9. Como está sumamente ocupado con sus clases de inglés a domicilio, me lleva los poemas que ha escrito en la semana y yo me ocupo de revisar una y otra vez los centenares de carpetas conteniendo los poemas que ha producido a lo largo de cuarenta años, intentando realizar una clasificación por temas.
10. Ha llegado a sorprenderse de su fecundidad y le ha dado por pensar que el autor es una persona ajena a él. A veces piensa que está empantanado en la idea absurda de editar la obra de otro. El no pudo haber escrito tanto. El no es poeta, ni novelista y, sin embargo, el material que tiene reunido es suficiente para veinte libros o más. Y lo que más lo perturba es darse cuenta de que el autor se llama como él, firma como él, pero él está seguro de no haber escrito nada.
11. Cualquiera que lo viese conducir por las calles correctamente vestido, quedaría sin lugar a dudas convencido de que es un maestro de inglés. Está plenamente convencido de que su trabajo reviste suma importancia, tanta que lo otro debe ser un sueño.
12. Mientras tanto, yo trabajo para un escritor que se llama señor Laplace. Ordeno por fechas o por temas centenares de poemas, y fragmentos de un diario sin fechas en el que encontré incertidumbre, sombras, un peso aplastante pero invisible, banalidad, vagas intenciones de volver tangible el naufragio de una vida gris.
13. En sus notas hay odio y desprecio hacia sí mismo, siente que la muerte lo acecha desde que se sometió a un par de operaciones quirúrgicas, todos los días experimenta el terror de vivir entre fantasmas de familiares y amigos muertos.
14. A medida que inspecciono minuciosamente los manuscritos del señor Laplace descubro que no se parece a nada que hayan producido los grandes maestros de la literatura universal, se parecen más a los lamentos de un fantasma que se ha posesionado del cuerpo y del alma del señor Laplace, con el unico fin de dictarle esos poemas desde el más allá.