IMAGEN DE UN TALLER LITERARIO

-El narrador no se debe refocilar-dice con tono doctoral el hombre ojeroso y calvo, sentado frente a un grupo de estudiantes con aspiraciones de escritores. Un joven escritor embrionario en particular, permanece boquiabierto sin moverse, no quita la vista del escritor consagrado que dicta su clase con parsimonia, entre sorbos de capuchino y chupadas a su camel. Su voz chillona y gangosa provoca risas apagadas en el fondo del salón.
-El cuento no debe alargarse demasiado, es intensidad, no extensión como en la novela.
El escritor embrionario entiende perfectamente esto último, sus cuentos nunca pasan de una cuartilla. Por un momento siente que va por buen camino.
-Cero regodeos en el cuento, prohibidisimo, jovenes.
Vuelta a la oscuridad. En el cuento no hay personajes, hay sucesos.
-Les recomiendo que no haya demasiada intervención autoral.
¿Quizás se refiera a...?, piensa.
-Los personajes deben crecer por sí mismos y no depender del autor.
¿Cómo se logra eso?, vuelve a preguntar en silencio.
-Acuerdense de no volcar todo el ingenio y tampoco olvidarse de la narrativa dramática. Es mejor seguir a Rulfo que al maestro Arreola. Comparen y verán lo que les digo.
El escritor embrionario más boquiabierto que antes, comienza a sentir los párpados pesados, qué complicado está resultando escribir...
-Aguas con los tiempos verbales, la informalidad de los diálogos.
La cosa se pone dificil.
-Si, jóvenes, la ironía suave hace reir, la ironía forzada fastidia. Yo les aconsejaría que optaran mejor por el desconcierto, pero el peligro es que pierda piso por efectista.
El joven se queda estupefacto.
-¿Perdón maestro, qué dijo?-Se atreve a interrumpir.
Todas las miradas caen como piedras sobre el impertinente.
-No se me duerma jóven. Aprovecho para aclararles que en este taller, por encima de la curiosidad debe estar la pasión por la escritura. Si al final de mi curso quedan seis alumnos de treinta, y si de esos seis puedo meter una novela a Alfaguara, habré cumplido con mi objetivo. Soy muy ambicioso y no quiero en mi grupo gente que venga a perder el tiempo.
¡Sopas!Ya me está entrando el miedo.
-Si el relato es pura ocurrencia, a secas, sin drama, están perdidos porque es seguro que el relato falla.
Le da una gran chupada al cigarro, estruja el vaso de cartón ya sin café y se levanta precipitadamente. Ya casi en la puerta sigue hablando a los estudiantes adormilados.
-Por último, tomen nota de que el humor no es "esquechero".
¿Qué habrá querido decir?
-Con base en lo que hemos platicado, para la próxima clase deberán traer sus trabajos apegados a estas premisas. No se aceptan cuentos costumbristas, acuerdense que ya pasó de moda hablar de los gallos que cantan a las cinco de la mañana y de las vacas que se ordeñan a las seis después de ablandarles las chichis con saliva. Sonrisas nerviosas de algunas jovencitas.
Y yo que quería empezar escribiendo sobre el rancho en que nací.
-Ah, no acepto estilos bukovskianos, me provocan nauseas, sobre todo cuando hay relaciones sexuales entre humanos y animales.
El escritor embrionario sale del salón con una sensación de incredulidad como la que se puede observar en algunos árboles.
Miguel Martínez G.

guitaremily dijo
Tu cuento parece sacado de la realidad de un taller literario de tercera, porque en esos talleres siempre dicen lo mismo, como si fueras a recibir transfusiones de talento, cuando en concreto lo unico que quieres es soltar la mano sin pensar demasiado en las reglas... o no?
20 Noviembre 2006 | 11:47 AM